
Cirugía ortognática: qué es, cuándo está indicada y qué problemas corrige
La cirugía ortognática corrige alteraciones esqueléticas del maxilar y la mandíbula para mejorar la mordida, la función, la estabilidad y la armonía facial.
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Ver todas las preguntasLa cirugía ortognática es el tratamiento quirúrgico de determinadas alteraciones en la posición, tamaño o relación entre el maxilar y la mandíbula. Está indicada principalmente cuando existe una discrepancia esquelética que no puede corregirse adecuadamente mediante ortodoncia aislada.
Puede formar parte del tratamiento de prognatismo mandibular, retrognatia, exceso o deficiencia del maxilar, mordida abierta de origen esquelético, asimetrías faciales y otras deformidades dentofaciales. Estas alteraciones pueden afectar la mordida y la masticación, pero también las proporciones faciales y, en determinados pacientes, otras funciones.
El diagnóstico debe establecer qué parte del problema corresponde a la posición de los dientes y cuál al esqueleto facial. A partir de ahí se planifica el tratamiento conjuntamente con ortodoncia cuando está indicada.
El objetivo no consiste simplemente en modificar la apariencia: se busca establecer una relación anatómica y oclusal adecuada, procurando al mismo tiempo un resultado facial equilibrado.
La ortodoncia permite desplazar los dientes dentro de sus bases óseas, pero no modifica de forma significativa la posición de un maxilar adulto. Por eso, una maloclusión de origen predominantemente dental puede resolverse mediante ortodoncia, mientras que una discrepancia esquelética importante puede requerir cirugía ortognática.
La decisión se basa en la exploración facial y oclusal, los registros fotográficos, el estudio de la dentición y las pruebas de imagen. Se analizan, entre otros factores, la relación entre maxilar y mandíbula, la magnitud de la discrepancia, la simetría facial y las posibilidades reales de compensación ortodóncica.
En algunos pacientes es técnicamente posible camuflar una discrepancia esquelética mediante movimientos dentales. Sin embargo, que sea posible no significa necesariamente que constituya la alternativa más adecuada. Deben valorarse los límites biológicos del movimiento dental, la estabilidad y los objetivos funcionales y faciales.
Una mordida alterada puede originarse en la posición de los dientes, en la relación entre los huesos maxilares o en una combinación de ambos componentes. Distinguirlos es fundamental porque el tratamiento es diferente.
El diagnóstico comienza con la exploración clínica de la cara y de la oclusión. Se estudian las proporciones faciales, la simetría, la relación entre maxilar y mandíbula, la posición de los incisivos y la forma en que contactan las arcadas. Los registros fotográficos, los modelos o escaneados dentales y las pruebas radiológicas permiten completar el análisis.
En una alteración principalmente dental, las bases óseas pueden guardar una relación razonablemente adecuada y ser los dientes los responsables de la maloclusión. En una deformidad dentofacial, la posición o las dimensiones del esqueleto contribuyen de manera relevante al problema.
Esta diferenciación permite establecer si el tratamiento debe ser ortodóncico, quirúrgico-ortodóncico o requerir otro enfoque.
En cirugía ortognática puede ser necesario intervenir únicamente el maxilar, únicamente la mandíbula o ambos maxilares. La elección depende de dónde se encuentre la deformidad y de qué movimientos sean necesarios para establecer una relación facial y oclusal adecuada.
Una cirugía monomaxilar actúa sobre uno de los maxilares. Una cirugía bimaxilar modifica tanto el maxilar superior como la mandíbula durante el mismo procedimiento. Esto permite controlar de manera tridimensional la relación entre ambas estructuras y puede ser necesario en discrepancias complejas, determinadas asimetrías o situaciones en las que mover únicamente uno de los maxilares no proporcionaría el resultado buscado.
La cirugía bimaxilar no es automáticamente una opción “mejor” ni la monomaxilar una intervención “menor” desde el punto de vista de la indicación. La extensión de la cirugía debe responder al diagnóstico y a los objetivos específicos de cada paciente.
Los movimientos del maxilar y de la mandíbula modifican también la posición y el soporte de los tejidos blandos que los recubren. Por ello, una cirugía ortognática puede producir cambios en el perfil, la proyección del mentón, el soporte de los labios, la región paranasal, la línea mandibular o la simetría facial, dependiendo de los movimientos realizados.
Estos cambios no deberían analizarse de manera independiente de la corrección funcional. Durante la planificación se estudian conjuntamente la oclusión, el esqueleto y los tejidos blandos para anticipar cómo puede repercutir cada movimiento sobre el equilibrio facial.
La magnitud y naturaleza del cambio son diferentes en cada paciente. La planificación virtual puede ayudar a estudiar los movimientos esqueléticos, pero la respuesta de los tejidos blandos presenta variabilidad biológica y ninguna simulación debe interpretarse como una garantía exacta del resultado final.
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